¿Qué enseña la Biblia sobre la Resurrección?



Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos.
1Corintios 15:21
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robablemente sea éste el mayor obstáculo que un preterista deba superar, antes de pretender convencer a un futurista que el discurso de Jesús en el Monte de los Olivos, tuvo su cumplimiento pleno durante la destrucción de Jerusalén en el año 70 d/C. Me refiero a la  habilidad de poder explicar clara y convincentemente, una de las doctrinas más complejas de toda la Biblia, la resurrección de los muertos.
     Cuando sostenía la posición dispensacionalista (por ignorancia más que por conocimiento), creía tener muy claro el significado bíblico de esta doctrina, es decir, creía, como la mayoría cree hoy, que vendría un día en el futuro, llamado también el fin del mundo, en que todos los muertos se levantarían de sus tumbas en cuerpos totalmente transformados y manteniendo el mismo aspecto físico que tuvieron en vida. Creía también, de acuerdo a lo que me habían enseñado, que la resurrección se efectuaría en dos periodos diferentes de tiempos.  En primer lugar, resurrección de justos en la venida invisible de Cristo, más conocido como “rapto”; y en segundo lugar, al final del “milenio”[1], la resurrección de los injustos. Existe también la opinión, casi generalizada dentro del dispensacionalismo, que habría un tercer periodo de resurrección el cual tendría lugar inmediatamente después de los siete años de tribulación y antes del reino milenial. Según los teólogos futuristas,  ésta sería para los santos del antiguo testamento, específicamente Israel; además de los que logren salvarse durante la gran tribulación2. Hoy al abrazar una línea de interpretación totalmente opuesta a la tradicional, me doy cuenta de cuán equivocado estaba sobre esta materia. La Biblia no enseña sobre dos o tres periodos diferentes de tiempos entre la resurrección de unos y otros,  ni tampoco enseña sobre una resurrección física al final de los tiempos. Sin embargo, debo confesar que tratar este asunto, no es para nada fácil, y no por considerarlo demasiado complejo o poco claro para mi entender, sino por la gran sensibilidad que el tema suscita en los creyentes de todo el mundo. Decir que no habrá resurrección de muertos ni reunión con los seres queridos, equivale a romper el sueño dorado, o la gloriosa esperanza que tienen millones de personas de reencontrarse algún día con sus amados, en lo que ellos llaman: "la otra vida". A pesar de esto, y considerando incluso las muchas réplicas que traerá consigo mi tesis, no puedo callar ni ocultar lo que hoy sostengo con absoluta convicción, el verdadero significado bíblico de ésta tan mal entendida doctrina. 
     Mientras que por un lado la Biblia pareciera enseñar que sí habrá una resurrección de muertos en el día final, y quien lea los versos que tratan este asunto, sacados de su contexto, encontrará que hay suficiente evidencias para sostener que así será; sin embargo, por otro lado uno puede entender que si Jesús ya vino por segunda vez, entonces la resurrección ya se efectuó, porque de acuerdo con la Palabra, ésta se manifestaría en la venida de Cristo (1Cor.15:23). Y aquí es donde radica el gran problema de interpretación: Lo que para un preterista, el que toda la profecía se haya cumplido en el primer siglo, tal cual como Jesús lo declaró, (Mt.24:34) resulta tan razonable aceptar; para un futurista, sin embargo, se transforma en la principal piedra de tropiezo, y es precisamente porque para ellos, la resurrección que enseña la Biblia, es definitivamente física o literal, y como evidentemente (para ellos) esto no ha sucedido aun, no pueden aceptar que la profecía sobre la segunda venida de Cristo se haya cumplido plenamente en el pasado. Y como ya puedo imaginar que estas últimas declaraciones traerán fuertes réplicas, quisiera invitarle mejor a que revisemos juntos lo que la Palabra de Dios dice realmente sobre este asunto.   
     En la Biblia se usa el término resurrección en dos sentidos: física y espiritualmente. Muy a menudo el lector o estudioso del libro sagrado confunde estos dos sentidos, atribuyendo una interpretación literal, cuando en realidad está hablando en un sentido figurado o espiritual; por increíble que parezca, la Biblia habla más sobre la resurrección en sentido figurado que en sentido literal. 
La resurrección figurada en Ezequiel 37
     Uno de los textos más usados para demostrar el concepto resurrección en sentido figurado es Ezequiel 37, el famoso pasaje del “valle de los huesos secos”. ¿Cómo se puede entender que el pasaje está hablando en sentido figurado y no en sentido literal? En primer lugar, se debe observar la forma en que se desarrollan los hechos, si hay sentido común o no en lo que leemos, ver si los lugares son reales o ficticios, si los elementos inanimados en la escena cobran algún tipo de vida o protagonismo, como en este ejemplo del Salmo 98:8: “Los ríos batan las manos, los montes todos hagan regocijo”. Es obvio que este versículo no está hablando en sentido literal. La Biblia está llena de figuras retóricas como éstas, porque el idioma hebreo así se expresaba. Inclusive el Nuevo Testamento, que fue escrito originalmente en griego, su tipo de lenguaje proviene de alguien cuyo idioma materno es el hebreo, porque está lleno de figuras y simbolismos muy propios del idioma semita.
     El primer versículo de Ezequiel 37 dice: La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó en el Espíritu de Jehová, y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos.
     Aquí claramente se trata de una visión; el profeta no fue llevado literalmente a un valle o desierto para ver los miles de huesos secos. ¿Cómo se puede saber esto? Bueno, simplemente observando el texto completamente. Si lee el versículo 11 se dará cuenta que esos huesos secos representaban a “la casa de Israel”, quienes por ese tiempo se encontraban cautivos en Babilonia. 
Me dijo luego: Hijo de hombre, todos estos huesos son la casa de Israel. He aquí, ellos dicen: Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo destruidos.
     El estado anímico y emocional de este pueblo era tal, que ellos así mismo se veían como un montón de huesos secos, destruidos y sin esperanzas, debido a su miserable condición de esclavos. La orden que el profeta recibe es profetizar a ese montón de huesos:
Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová (v.4).
     Esta es otra demostración del sentido figurado del texto, ya que es imposible que un montón de huesos secos pueda oír palabra alguna. Alguien podrá insistir: “Para Dios no hay nada imposible”, y tiene toda la razón, pero no es este el caso, porque lo que Dios quiere mostrarle al profeta es lo que debe hablar a la casa de Israel que se encuentra tan alicaída y desesperanzada.
Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis (v.5).
     En la visión, Ezequiel ve cómo ese montón de huesos secos, en cosas de minutos mientras él aun profetizaba, se convirtió en un ejército grande en gran manera. Lo que Dios quiere que Israel entienda, es que él no se ha olvidado de ellos, que él sigue siendo Jehová su Dios, y  que con su mano poderosa abrirá los sepulcros de la esclavitud, lo cual habla de una resurrección en sentido figurado o espiritual, y los traerá de vuelta a su tierra (v.12). Pablo hablando de la restauración o salvación final del remanente fiel de Israel que tendría lugar para la segunda venida de Cristo en el primer siglo, lo llama “vida de entre los muertos”. Rom. 11:15  Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión, sino vida de entre los muertos?
     Sin lugar a dudas, este clásico pasaje del valle de los huesos secos, haciendo uso de la figura de una resurrección física, enseña sobre la restauración del pueblo judío desde su cautiverio en Babilonia a su tierra natal. Aunque hay quienes ven en este pasaje la restauración futura de la nación hebrea, sin embargo, tal suposición no halla lugar en la profecía de Ezequiel.
La Resurrección en la tradición judía
     Los judíos en el tiempo de Jesús estaban muy divididos en cuanto a este tema; unos sostenían que había resurrección, mientras que otros la negaban. Los que estaban a favor, tampoco tenían bien claro cómo y cuándo sería realmente este suceso. Jesús habló en varias ocasiones sobre este punto, y con sus explicaciones echó por tierra muchos de los conceptos equivocados que la gente tenía sobre la resurrección.
     Es muy interesante observar que la idea de una resurrección física de los muertos hacia el fin de los tiempos, no era tema en la tradición hebrea antigua. No se registra nada sobre esto en la Torá (los cinco primeros libros de la Biblia), razón por la cual los Saduceos no creían en la resurrección, ya que para ellos, a diferencia de los fariseos quienes validaban, además de la ley, la tradición oral de las enseñanzas de Moisés, solo tenía importancia el texto escrito de la ley. Tampoco fue enseñada por Jesús ni por ninguno de sus apóstoles, al menos con la concepción que hoy tenemos de la resurrección y el final de los tiempos. Entonces ¿De dónde viene tal doctrina? Bueno, la idea de una resurrección física o corporal en el día final  viene de muy atrás en la historia de la humanidad. Algunos aseguran que la creencia sobre una resurrección física es tan antigua como la historia misma. Se cree que los hebreos absorbieron esta "creencia" durante su cautiverio en Egipto, ya que los egipcios creían en una vida en otro mundo después de la muerte, y eso originó el embalsamiento de los cuerpos en las pirámides. La idea de embalsamar los cuerpos de los difuntos en lugar de quemarlos, como solían hacerlo los griegos, era por la creencia que cuando las almas de los difuntos volvieran a sus antiguos cuerpos, los encontrasen dispuestos para recibirla. Aunque en general los egipcios sí creían en una resurrección, sin embargo, divergían entre ellos, en cuanto a la cuestión tiempo para que ésta se efectuara. En Judea, los fariseos adoptaron el dogma de la resurrección mucho tiempo después que Platón.[2]
     Los fariseos era una de las tres sectas más importantes en el judaísmo, junto con los saduceos y los esenios. Los saduceos discrepaban con los fariseos en cuanto a la creencia de la resurrección del cuerpo. Para ellos, según el historiador Josefo, el alma moría juntamente con el cuerpo, y es bien curioso, ya que los saduceos eran los encargados del templo, y gran parte de los sacerdotes, incluyendo al sumo sacerdote, pertenecían a esta secta. En los días de Jesús, era muy notoria la disputa que había entre estos dos grupos, y cuando vinieron a Jesús para consultarle sobre cómo sería  la condición en la resurrección, mostrándole el caso de la mujer que se había casado con siete hermanos, solo lo hicieron para probarle, y al mismo tiempo, burlarse de la posición farisaica sobre una resurrección física o corporal al final de los tiempos (Lc.20:27-40). La respuesta que Jesús dio a los saduceos, destruyó por completo la idea concebida por  los fariseos sobre la resurrección de los muertos. En este pasaje, Jesús enseña claramente que no hay una resurrección corporal o física, como ellos creían, y  que en general era la creencia popular del pueblo. Por esto Marta, la hermana de Lázaro, dijo a Jesús sobre su hermano muerto: “Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero” (Jn.11:24), probablemente influenciada por la enseñanza de los fariseos. Pero la respuesta de Jesús fue: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá (v.25), lo cual da a entender, que para Jesús no existe la muerte. Jesús es la vida misma; la muerte es lo opuesto a la vida y nada tiene que ver con él. Es lo mismo que ocurre entre la luz y la oscuridad; la oscuridad nunca hará desaparecer la luz, en cambio, la luz sí hace desaparecer la oscuridad. Volvamos al pasaje de Lucas 20 en donde los saduceos han hecho la pregunta a Jesús; observe lo que él les dice en el versículo 38: “Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven”. «Dios no es Dios de muertos, sino de vivos». ¿Cómo se puede entender esto? En primer lugar, sacándonos de la cabeza la idea preconcebida de una resurrección física o corporal al final de los tiempos; y en segundo lugar, leer la Biblia con mucha atención y poniendo sentido común en lo que leemos. Jesús no habló en parábola en este episodio, sino literalmente, y dio a entender que Abraham, Isaac y Jacob no esperaban una resurrección física (v.37), porque para Dios ellos no estaban muertos, sino vivos, porque para él todos viven, lo cual podría significar que al momento de morir el espíritu de la persona entra de inmediato a otra dimensión de vida, una vida puramente espiritual, sin cuerpos ni espacios; semejante a los ángeles de Dios (v.36).
     Ahora bien, cuando una idea concreta sobre cierto asunto se arraiga fuertemente en la mente de una persona, es muy difícil que ésta ceda ante la posibilidad que tal idea no sea correcta; aunque se le muestre evidencias muy claras sobre esa posibilidad. Es lo que pasa con el tema de la resurrección. Es una doctrina que está tan enraizada en el corazón de los creyentes, que sacarla equivaldría tanto como cambiarles la mente misma; sin embargo, deseo insistir en este asunto llevándoles nuevamente al pasaje de Lucas 20, donde deseo mostrarle dos elementos, que según mi apreciación, no concuerdan con la doctrina tradicional de la resurrección (la que usted probablemente profesa), y me parece muy oportuno revisarlos y aclararlos de inmediato. Primero, la doctrina tradicional enseña que habrá una resurrección física, es decir, los cuerpos de las personas fallecidas (hablamos de creyentes), sin importar la cantidad de tiempo que hayan estado en el sepulcro o en cualquier otro lugar, se levantarán en el último día, con cuerpos totalmente transformados, pero manteniendo la misma fisonomía que tuvieron en vida. Quienes creen así, recurren a pasajes como éste de Lucas 20, específicamente en donde se hace referencia a los patriarcas con sus respectivos nombres, y como para ellos estos personajes están muertos, concluyen entonces que en la resurrección o mejor dicho en el cielo, las personas se conocerán. Sin embargo, la declaración de Jesús en el verso 36 dice que, "aquellos" que resuciten o que sean dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los  muertos (v.35), serán iguales a los ángeles, lo cual nos indica que no existe distinción entre unos y otros, son iguales a los ángeles de Dios; son seres espirituales, sin cuerpos físicos. Segundo, se enseña que la resurrección es un evento universal, es decir, en aquel día "todos" resucitarán. Pero nuevamente nos encontramos con ciertos inconvenientes para esta interpretación. Hay otro pasaje en los evangelios en donde nuevamente Jesús cita a los tres patriarcas, pero ahora como dando a entender que ellos estarían presentes en el cielo (reino de los cielos) con sus mismos cuerpos que tuvieron en vida, y en presencia de todos los hebreos (Lc.13:28). A simple vista, pareciera que la idea de la enseñanza es justamente esa, los patriarcas serán reconocidos en el cielo, y por ende, todos los demás. Sin embargo, al leer detenidamente todo el pasaje uno puede visualizar que el asunto que Jesús está tratando aquí, nada tiene que ver con la resurrección general de todos los muertos o, de la vida después de la muerte para todos, sino de un evento particularmente relacionado con los judíos y el reino del cual él predicaba, eso explica que se haga mención solamente de los patriarcas y los profetas, personajes únicamente identificables para los hebreos en ese tiempo. Vale aclarar también que todo el Nuevo Testamento, excepto unos pocos versículos, guarda relación con la generación judía contemporánea a esos escritos, como así también, con la iglesia cristiana del primer siglo; por lo tanto, cualquier análisis o estudio que se haga a cualquier libro o pasaje escrito durante esa época, debe hacerse bajo ese criterio.
     Volviendo nuevamente al tema. Habría que definir cuando era el día final para los judíos o el día postrero. ¿Creían ellos en un fin del mundo literal o en el fin de la era como pueblo de Dios?  La mayo-ría creía que la resurrección se efectuaría en un día específico, que ellos denominaban el día final. De acuerdo con la enseñanza de Jesús y sus apóstoles, la resurrección tendría lugar en su segunda venida, la que ocurriría cuando la generación que escuchó a Jesús hablar sobre este evento, aun estuviese con vida (Mt.24:34). Ahora bien, ¿Cómo sería bíblicamente esa resurrección? La respuesta va a sorprenderle de seguro, porque no es como usted había creído o imaginado. Recién citaba las palabras de Jesús en Lc.20:38 “Dios no es Dios de muertos, sino de vivos”, y decía que todos los santos del pasado que murieron, se reunieron inmediatamente con Dios. ¿Cómo se explica entonces la resurrección de los muertos en un día determinado, si ya los que murieron están con el Señor? Antes de responder esta interesante pregunta, quiero hacer un breve comentario: “Me da la idea que los teólogos que escribieron las doctrinas para la iglesia, primero las escribieron y luego leyeron la Biblia”, absurdo ¿verdad? Es que no me explico, cómo es que yo puedo ver cosas tan claras en la Biblia y ellos no las pueden ver; la verdad que me cuesta entenderlo. Con este breve comentario en mente doy paso a la respuesta.
     Observe detenidamente lo que dice Pablo en 1Tes.4:14 “Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él”. Dice: traerá, del griego ágo, que significa: guiar, conducir, traer. En el original griego, no dice que los va a resucitar ¿Por qué? Porque estos que durmieron ya estaban con el Señor. La resurrección significaba traer a los espíritus de los que habían muerto en el Señor, no era levantar sus cuerpos de la sepultura, como creían los fariseos. Esto se ve bastante difícil de entender y mucho más aun de aceptar, ya que la idea preconcebida que tenemos sobre este tema, nos hace prácticamente cerrarnos a cualquier otra interpretación; pero mi consejo es que mantenga un espíritu enseñable y siga escudriñando la Palabra con el ánimo de encontrar o descubrir tesoros escondidos en ella. Continuemos: ¿Por qué el apóstol Pablo al escribir a los filipenses sobre su deseo de morir, él asocia su muerte con estar con Cristo? (Fil.1:23). Los dispensacionalistas son muy dogmaticos al establecer la doctrina del estado de los muertos. Según ellos, el alma de los que han muerto en el Señor se encuentra en un lugar de reposo durmiendo el sueño de los justos; otros, argumentan que el alma no está durmiendo, sino que estaría en algún lugar del cielo, probablemente en el paraíso a donde Jesús prometió llevar al ladrón de la cruz. Para ellos, éste no es el lugar definitivo, sino simplemente un estado intermedio, mientras aguardan el día de la resurrección en donde sus cuerpos, aunque desechos por el paso del tiempo, se levantarán de sus tumbas o donde se encuentren y volarán al encuentro del Señor en las nubes. En el caso de los incrédulos, éstos irían también, según ellos, a un lugar de espera que llaman Hades. Ambos grupos, aunque no están en su estado final, sí se encontrarían consientes y experimentando un adelanto de lo que será su destino eterno. Con respecto a los justos, éstos ya estarían en un lugar de felicidad y descanso, mientras que los impíos se encontrarían sufriendo y lamentando la eterna espera de la resurrección, para pasar a su lugar definitivo, el infierno. El gran problema para mis hermanos dispensacionalistas, es que esta teoría, aunque parezca muy creíble, no halla asidero en la Biblia, aunque ellos han pretendido demostrarlo forzando la interpretación de algunos pasajes y que a continuación me gustaría que revisásemos para que usted luego saque sus propias conclusiones. 
La falsa doctrina del estado intermedio 
     Para defender la doctrina de un  estado intermedio de plena con-ciencia del alma, entre el periodo de la muerte y la resurrección, se han tomado de algunos versículos como éste que veremos a continuación: 
Lc. 23:43  “Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”.
     ¿Enseña este versículo de que la persona al morir va a un lugar de espera en el cielo o “paraíso”; y que permanecerá allí, con plena consciencia, aguardando el día de la resurrección? Al parecer no. ¿Qué quiso decirle Jesús a este hombre entonces? Bueno, no es fácil determinarlo, pero si hacemos uso del sentido común podríamos llegar a una muy sensata explicación; revisemos esta primera teoría. Ese día que Jesús prometió al ladrón de su derecha estar con él en el paraíso, no pudo referirse al cielo ni a ningún otro lugar en la esfera celeste. ¿Por qué? _ Porque Jesús después que resucitó, no fue de inmediato al cielo. Recuerde lo que le dijo a María en el huerto inmediatamente después de su resurrección: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios (Jn. 20:17).  Ya era el tercer día después de su muerte, y al hombre de la cruz le dijo: “hoy estarás conmigo en el paraíso”. La pregunta es: ¿Dónde estuvo Jesús con el ladrón ese día de su muerte? Pedro dice lo siguiente:
18Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu;
19en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, 
20los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua (1Pe. 3:18-20). 
     De acuerdo con estos versículos, Jesús habría descendido al Hades o lugar de los muertos, según se creía en el viejo pacto, y habría predicado a los espíritus encarcelados de todos aquellos que desobedecieron al llamado de arrepentimiento que Noé les hiciera antes del diluvio. Ahora podría surgir una nueva pregunta: ¿Por qué fue Jesús en el espíritu a predicarles a esos espíritus encarcelados que perecieron ahogados por las aguas del diluvio? _ Al parecer, la generación que yacía muerta (encarcelada), desde aquella época del diluvio hasta Cristo, era un paréntesis en el programa salvífico de Dios y que debía resolverse. Esta gente murió bajo una condenación, un juicio de Dios, por lo que se encontraban en una prisión espiritual. Aquí hay algo muy interesante que observar. Todos creen que los únicos que se salvaron del juicio de Dios en aquel tiempo fue Noé y su familia, y los demás, todos perecieron, y no solo por las aguas, sino en condenación eterna. Pero aquí se debe entender lo siguiente: ¿De qué fueron salvados realmente Noé y su familia? _ Aunque le cueste aceptarlo, la respuesta es que ellos sólo fueron salvos de perecer ahogados, porque igual que los que murieron aquel día, ellos también murieron con el paso del tiempo; por eso dice el verso 20 "salvadas por agua". Esta no era la salvación de vida que otorgó Cristo con su muerte, sino simplemente una salvación temporal de un juicio que Dios hiciera contra aquella generación a causa de la excesiva maldad de los hombres, y como esta gente, al igual que Noé con su familia, también eran hijos de Dios, Dios quiso conectarlos igual que al resto del mundo, con la muerte de Cristo. Esto confirma nuevamente el gran amor incondicional de Dios para con la humanidad, sin excepción de personas; "de tal manera amó Dios al mundo" (Jn.3:16). Se podría decir, que ese día cuando Jesús descendió en espíritu al Seol, se encontró con el espíritu del ladrón de la cruz, y junto con liberar a los espíritus que allí se encontraban encarcelados, liberó también a este hombre, quien, al igual que los demás había muerto bajo la maldición del primer Adán, y por lo tanto, necesitaba ser redimido.
     Otra posible interpretación al paraíso que Jesús prometió al ladrón, y que yo comparto plenamente, es que las personas salvas al momento que mueren, se reúnen inmediatamente con el Señor (Fil.1:23). Aunque esto pareciera contradecir lo anteriormente expuesto, de que Jesús no subió de inmediato al Padre, sin embargo, ¿cómo podría entenderse lo que dice Lucas 23:46 con respecto a las últimas palabras de Jesús en la cruz: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu? ¿No podrían acaso, Jesús, y el ladrón haber estado en el espíritu ese mismo día en el paraíso? _ Por supuesto que sí; sin embargo, la aceptación de esta teoría dependerá, en buena medida, del concepto que se tenga sobre el Paraíso, y lo que se crea con respecto a su ubicación. Comúnmente se acepta la idea de que el cielo está arriba, es decir, sobre nosotros, pero esto es relativo, considerando que la tierra está en constante rotación, por lo que pensar que el cielo está arriba, sería lo mismo a decir o aceptar, que el cielo es todo el espacio infinito que nos rodea. Efesios 4:10 dice que Cristo "subió por encima de todos los cielos", para llenarlo todo, lo que no necesariamente significa, subir a un lugar literal, sino más bien, se trataría de "una posición espiritual superior a todo", según la etimología de esas palabras en el diccionario Strong. Usted debe entender que un espíritu no pertenece al espacio físico o literal. La palabra espíritu viene del griego "pneúma", que significa viento o aire; de ahí viene la palabra neumático, la cual significa: objeto que funciona con aire. El aire no puede ser amontonado o retenido en el rincón de un espacio cerrado, el aire llena todo el lugar que lo contiene. Eso es Dios, el Espíritu que lo llena todo y en todos[3]. Cristo al entregar su espíritu al Padre, fue para hacerse uno con él nuevamente, por eso dice, que subió por encima de todos los cielos, y Pedro añade: "quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades" (1Pe.3:22). Subir al cielo, es estar por encima de todo lo natural, es percibirlo todo, entenderlo todo. Pablo dijo: "ahora (pensando en el presente de él y de esa generación), vemos por espejo, oscuramente; mas entonces (cuando Cristo hubiese de manifestarse en su venida) veremos cara a cara"[4]. Yo entiendo que este es un plato difícil de digerir, digo esto por lo contradictorio que puede resultar el tema con relación a la información que ya teníamos almacenada sobre él, pero lamentablemente debo decir, que esa información que habíamos procesado en nuestra mente con respecto al cielo y el estado eterno de los espíritus, no es bíblicamente correcta o sostenible, por lo que creo imprescindible indagar con mayor diligencia en la Escritura sobre estas materias, para que no vivamos en ignorancia, o atados a una teología anti bíblica.
     Deseo afianzar  este planteamiento que he expuesto sobre lo que ocurre con nuestro espíritu al morir, con este último pensamiento. Sostengo que los espíritus de quienes mueren vuelven inmediatamente a Dios, quien lo dio (Ec.12:7). Luego, dice la Biblia, Dios, es quien todo lo llena en todo (Ef.1:23; 1Cor.15:28); lo que implica, que Dios esté en todas partes y en todos a la vez; entonces, los espíritus que vuelven a él, están también en todas partes, porque están con Dios, el Espíritu, que lo llena todo. Observe con mucha atención este último versículo que quiero citar, y que se encuentra en Hebreos 12:1, la primera parte: "Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos". ¿Quiénes son esa nube de testigos, que según el escritor, dice que estaban en derredor de ellos? _ Bueno, esa gran nube de testigos tiene relación con los héroes de la fe del capítulo 11, y no solo ellos, sino todos los que habían muerto hasta ese momento. El escritor a los hebreos da a entender que todos aquellos que habían muerto, sin ver cumplidas las promesas hechas a los patriarcas en el pasado, estaban allí presentes, observando como “mudas” nubes, lo que pasaría con ellos, los que aun vivían. En nuestra concepción "religiosa" de Dios, siempre lo hemos "imaginado" en algún lugar del infinito, al que hemos denominado cielo, sentado en un imponente trono de oro desde donde rige los destinos del universo; sin embargo, la Biblia habla de un Dios que es inmensamente grande, tan grande que él mismo dice: "El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies; ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo?" (Is.66:1); otro versículo parecido a este, pero declarado por el rey Salomón, cuando tenía planes de construir casa para Dios, dice: "Mas ¿quién será capaz de edificarle casa, siendo que los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerlo? ¿Quién, pues, soy yo, para que le edifique casa, sino tan sólo para quemar incienso delante de él?" (2Cr. 2:6).
     Podemos concluir entonces, que Dios está en todas partes, porque él es Espíritu, un Espíritu que todo lo llena en todos. Por eso decía David: "¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?" (Sal. 139:7).  Es imposible huir de Dios, sería como querer escapar del aire, ¿a dónde vamos a ir para no encontrarnos con el aire?, el aire está en todas partes, y si éste nos faltase, en ese momento morimos; así también es con Dios. Entonces podemos decir, que el Paraíso prometido al ladrón en la cruz, fue entrar aquel mismo día, inmediatamente después de experimentar la muerte física, en la dimensión espiritual de Dios, en la dimensión de lo eterno, de lo perfecto, la del conocimiento pleno; de ahí el nombre Paraíso, el verdadero jardín del Edén en donde Dios tuvo comunión con el hombre.
     Hasta antes de la muerte de Jesús en la cruz, los muertos iban al corazón de la tierra, al Seol o Hades (sepulcro común de la humanidad); pero cuando él murió bajó al Seol, como leíamos en 1Pe.3:19. La misión en dicho lugar, no fue solamente proclamar su victoria sobre la muerte, sino levantar desde allí a los que se encontraban cautivos, como dice Efesios 4:8 "Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad". ¿A qué cautividad se refiere el apóstol? Al parecer, a todos los espíritus que yacían en el Seol, desde Adán hasta Cristo; todos ellos se encontraban encadenados por la maldición del pecado de Adán. Pablo continúa diciendo en el verso 9: "Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra?" Esto significa entonces, que después de la muerte de Cristo, los espíritus de los seres fallecidos, fueron trasladados al cielo o Paraíso, pero no me estoy refiriendo a un lugar "celestial" con características de una ciudad física, y en donde hay muchas moradas, no, el cielo que habla la Biblia es una posición o una condición espiritual, en donde Dios ejerce todo su dominio y autoridad como el Dios eterno y soberano, y como el Padre de los espíritus (Heb.12:9). Con él están todos los espíritus de quienes han muerto; de él salieron, y a él han de volver[5].    
     Según el Antiguo Testamento, todas las personas que morían, no importando si eran "buenas o malas", iban igualmente al Seol, que en hebreo significa: morada de los muertos o sepulcro común de la humanidad. Ejs.: Gn.37:35; Num.16:30-33; Sal.9:17; 16:10. Esta misma palabra en el Nuevo Testamento griego se conoce por Hades, y tiene el mismo significado que la palabra hebrea. Para los judíos, tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo, el Hades representaba el lugar indefinido de todos los que  habían muerto, pero en un estado de absoluta inconsciencia e inactividad. Se consideraba que los que morían entraban en un sueño profundo. Se lee muy a menudo en el primer libro de reyes la expresión: "y durmió con sus padres"[6], y en el Nuevo Testamento, tanto Pablo como Pedro, creían también que los creyentes fallecidos, sólo dormían[7]. En consecuencia, la doctrina del estado intermedio con total conciencia, no tiene respaldo alguno en toda la Biblia. 
Parábola del rico y Lázaro
     Otro pasaje que se utiliza mucho para defender o sostener la falsa doctrina del estado intermedio, es Lucas 16:19-31; la parábola del rico y Lázaro. El relato dice que ambos, después de morir,  se encontraron en el Hades, incluso Abraham, también se encontraba allí. Muchos enseñan que esta historia, narrada por Jesús, no es una parábola, sino un hecho real del que él tenía conocimiento. Tal suposición tiene como argumento el hecho que Jesús usara nombres propios en su narración, detalle que no aparece en otras parábolas. Pero  nada puede ser más absurdo que esta teoría. En primer lugar, porque ésta es la última de una serie de parábolas que pronunció  Jesús entre los capítulos 14 y 16 de Lucas para ilustrar a los judíos de su tiempo, el gozo y las bendiciones que experimentarán aquellos que sean dignos de entrar en su reino que pronto sería instaurado, en contraste con el sufrimiento y tormento de quienes estén excluidos de él, como sería el caso de la nación hebrea apostata. Al hacer un rápido recorrido por todos los ejemplos que Jesús pronunció en esa ocasión, uno puede percibir que de un modo muy discreto el tema central de su pictórico discurso, tiene que ver con la exclusión irreversible de la nación judía a los privilegios del reino que pronto llegaría. Tal exclusión no era simplemente por un decreto divino, sino que, lamentablemente por la dureza de sus corazones al rechazar al Cristo, y por la insensatez de creer que nada ni nadie podría removerlos de su posición. 
Las parábolas de Lucas 14 al 16
     La mención a aquellos que buscaban los primeros asientos en el banquete de bodas (Lc.14:7), era una clara alusión a la arrogancia de los líderes judíos, quienes se creían con todos los derechos y privilegios por sobre los demás; lo mismo hacían el resto del pueblo con respecto a los gentiles y gente desposeída de bienes y salud. La advertencia era: que si no se humillaban y arrepentían, otros serían puestos en el lugar de ellos. Luego Jesús narra la parábola de la gran cena (Lc.14:15), en respuesta a uno que le insinuó, cuan bienaventurado sería el que comiera pan en el reino de Dios. Los primeros convidados indudablemente eran los judíos, pero estos al rechazar la invitación de Dios, en la persona de su Hijo, la oferta llegó a esos que ellos despreciaban, los gentiles. Les advirtió sobre la importancia de abandonarlo todo por él, de lo contrario no eran aptos para el reino (Lc.14:33). Cuando habló de cuan buena era la sal, pero que si ésta perdía su sabor no servía para nada y solo había que tirarla fuera (Lc.14:34, 35), se refirió nuevamente a los judíos, quienes no estaban cumpliendo con su rol en el mundo, de acuerdo con el propósito de Dios y, por lo tanto, los dejaría fuera de su reino.  Es interesante observar la indicación que hace al finalizar la parábola: "El que tiene oídos para oír, oiga".
     Las tres parábolas del capítulo 15 ilustran una misma lección: la acogida tierna y amorosa que da el Señor en su reino, a quienes, legalmente, no la merecen, y subraya la condición secundaria que da a quienes creen merecerla. De esta forma llegamos al capítulo 16 donde Jesús narra las últimas dos parábolas; y aunque los personajes y circunstancia varían entre una y otra, hay una gran similitud entre ambas. La primera, trata de un hombre rico que tiene un mayordomo acusado de disipar sus bienes, pero que éste, al ser llamado por su amo a rendir cuenta de su mayordomía y recibir la noticia que ya no seguiría como administrador de sus bienes, actuó sagazmente, pero haciendo algo ilícito, renegociando las cuentas de los deudores de su amo, con el fin de que al ser despedido, ellos le acogieran en sus hogares. El relato dice que el amo alabó la acción del mayordomo, pero no dice que le perdonó, pues, le llama mayordomo malo (v.8). No se debe pensar que esta historia avala las acciones ilícitas con tal de obtener beneficios; no, en lo absoluto. Jesús al concluir la parábola dijo: que quien no era fiel o leal con lo ajeno, no se le podría entregar lo que sí le pertenecía (v.12); Israel no fue un administrador fiel de los bienes de su Dios, muy por el contrario, despilfarró las riquezas de Dios y ,por lo tanto, fue despojado de su mayordomía. En Mt.21:43 leemos lo que Jesús dijo a los principales sacerdotes y  fariseos: Por tanto os digo, que el Reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él.  El cristiano está llamado a ser un buen administrador de los bienes de Dios: Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel (1Cor.4:2). Y por último, nos encontramos con la parábola que nos llevó a hacer este recorrido, el rico y Lázaro. 
v  Los tres personajes descritos en la historia (el rico, Lázaro y Abraham) están muertos, pero actúan como si no lo estuviesen. Se ven completos físicamente, sienten sed, pueden hablar, mirar, experimentar. La Biblia en el Antiguo Testamento enseña que en el lugar a donde van los muertos no hay actividad alguna:  Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría (Ecles. 9:10). Por otro lado, Jesús enseñó que quienes fueran dignos de alcanzar la resurrección de entre los muertos, la que tendría lugar dentro de aquella generación, no podrían hacer ya más  ninguna actividad que hacían cuando estaban en vida, porque serían semejantes a los ángeles de Dios (Lc.20:35 y 36), por lo tanto, en este relato no hay ningún fundamento bíblico para sostener la falacia del estado intermedio.
v  En segundo lugar, y como ya expliqué, ésta es una parábola, y como tal, los personajes, aunque aparezcan con nombres propios, e inclusive que hayan existido, en este caso, no son más que seres imaginarios que dan vida a una historia ficticia con el fin de ilustrar una enseñanza o lección moral.
v  La parábola del rico y Lázaro, se basa en la creencia popular de los hebreos que sus muertos iban al seno o pecho del patriarca Abraham a descansar, tal lugar era el Sheol o Hades (palabra hebrea y griega para sepulcro). Al Seol iban todos los seres que morían, sin importar si eran buenos o malos, todos igualmente llegaban allí[8].
     Considerando todos estos argumentos expuestos en los tres puntos anteriores, podemos concluir que bajo ningún aspecto la parábola del rico y Lázaro, describe lo que supuestamente habrá de ocurrir con los justos y los perdidos al final de los tiempos. La enseñanza aquí, como en la mayoría de las páginas del Nuevo Testamento, y muy en especial en los cuatro evangelios, tiene que ver exclusivamente con el pueblo judío de esa generación.
     A continuación quisiera que revisásemos juntos el pasaje bíblico más usado para defender la doctrina de una resurrección corporal al final de los tiempos.
La resurrección según 1Corintios 15
     La primera carta a los Corintios capítulo 15 es,  sin lugar a dudas, la más exhaustiva ponencia de toda la Biblia sobre esta doctrina. Allí, el apóstol Pablo, haciendo uso de su admirable sabiduría, expone magistralmente cómo y cuándo sería la resurrección de los muertos. Deseo extraer solamente tres aspectos de la resurrección que Pablo subraya en este pasaje, y de los cuales, creo que son el fundamento de la doctrina.
a)  La resurrección de Cristo
“Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho” (v.20).
     El primer aspecto sobresaliente del capítulo es la resurrección de Cristo. Es un hecho irrefutable el que Cristo se haya levantado de entre los muertos; los cuatro evangelios así lo confirman. Sin embargo, vale preguntarse: ¿Fue la resurrección de Cristo un precedente para la resurrección final de todos los hombres?  La respuesta  a esta pregunta  se  puede encontrar, prestando mejor atención a lo que el apóstol dice en el versículo citado: “primicias de los que durmieron es hecho”. ¿Por qué Pablo usa la palabra “primicias”, con respecto a Cristo resucitado? La razón es muy significativa, dado que Jesús murió en los días que se celebraba la pascua y la fiesta de los panes sin levadura, y de acuerdo con la ley, que era sombra de los bienes venideros, estipulaba que al día siguiente del día de reposo, después de pascua, debía ser traída una gavilla al sacerdote como primicia de los primeros frutos de la cosecha:
Lev. 23:10, 11 “Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy, y seguéis su mies, tra­eréis al sacerdote una gavilla por primicia de los primeros frutos de vuestra siega. Y el sacerdote mecerá la gavilla delante de Jehová, para que seáis aceptos; el día siguiente del día de reposo la mecerá”.
     Jesús resucitó de entre los muertos el mismo día que debía traerse la gavilla al sacerdote; haciendo alusión a este ritual Pablo dice: “Primicias de los que durmieron es hecho”. Ahora bien, ¿qué significado puede tener el que Pablo compare a Jesús resucitado, con las primicias del ritual levítico? _  Bueno, tiene mucha significación. La gavilla que se llevaba al sacerdote, era un símbolo de toda la cosecha, no era necesario mostrar toda la cosecha, sino simplemente una gavilla. Cristo tuvo una resurrección corporal, porque él era la verdadera imagen de la sombra que mostraba la ley en dicho ritual, es decir, Cristo fue esa gavilla que se presentó ante testigos oculares, quienes pudieron confirmar que efectivamente había resucitado, tal cual como él lo había dicho: Hech. 1:3  “a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios”. Los otros muertos no resucitaron corporalmente, sino que estuvieron incluidos en la resurrección de Cristo, por eso el apóstol lo llama: “primicias de los que durmieron”, lo que significa, que la resurrección de Cristo fue una resurrección representativa de todos los justos que habían muertos desde Adán hasta ese momento. Entiendo que puede resultar difícil creer en esta teoría, pero si leemos con razonamiento, nos daremos cuenta que esto tiene mucho sentido, y lo voy a explicar claramente en el siguiente aspecto, “el carácter de la resurrección”. Resumiendo entonces: La resurrección a la que Pablo se refiere en este pasaje, no es a la de todos los hombres en un  fin del mundo cósmico, sino solamente a los que ya  habían muerto, “los que durmieron”. Recuerde que “día final” en la Biblia no se refiere al fin del mundo cósmico, sino al termino del antiguo pacto y el establecimiento pleno del nuevo, por tanto, la resurrección corresponde como una parte de ese programa; solo los que habían muerto hasta ese momento resucitaron, de ahí en adelante todos los que mueren pasan de inmediato a estar con el Señor en un estado espiritual.
b)  El carácter de la Resurrección
“Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos” (v.21).
     En el segundo capítulo de este libro, expliqué bíblicamente que Adán no fue creado inmortal, por lo que la sentencia de muerte que Dios dictó sobre él en Edén, no fue la muerte física, sino la espiritual; por tanto, la resurrección a la que Pablo hace referencia en este versículo, no debería ser otra más que la resurrección de dicha muerte espiritual. “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados” (v.22).
     Los dos versículos expuestos en este segmento nos dan la respuesta que quedó pendiente en el anterior. El primero, subraya la expresión: “Por un hombre”. Tanto la muerte como la vida entraron “por un hombre”, luego el segundo versículo menciona los nombres de estos dos “prototipos”: Adán, prototipo de muerte; Cristo, prototipo de vida. El apóstol Pablo muestra en Romanos 5:12-21 el marcado contraste que hay entre Adán y Cristo, enfatizando que tanto el pecado que introdujo la muerte espiritual, como la gracia que nos otorgó la vida eterna, han procedido de un hombre: “Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida” (v.18). Se puede apreciar más claramente ahora el por qué el apóstol usa la figura de “las primicias”, al describir la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, ya que este acto simbólico del viejo pacto expresaba gratitud a Dios por la cosecha obtenida   
c)  Los tiempos y naturaleza de la Resurrección
     El tercer aspecto importante de este pasaje tiene que ver con los tiempos de esa resurrección y su naturaleza. Veamos en primer lugar los tiempos. Pablo dice:“Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida” (v.23). Según el apóstol, la resurrección tendría dos etapas; una ya se había ejecutado en la resurrección de Cristo, a quien señala como "las primicias". Como ya vimos en el primer aspecto, la resurrección de Cristo fue el cumplimiento a la ceremonia levítica de presentar ante el sacerdote una gavilla como primicia por los primeros frutos de la cosecha. Pablo dice en Efesios 2:6 que Dios nos resucitó juntamente con Cristo; lo que se entiende perfectamente como una resurrección espiritual. Cuando Cristo resucitó, todos resucitamos, es lo que quiere decir el apóstol. Ahora bien, el verso 23 no se queda solo en la resurrección de Cristo, sino que habla de una segunda etapa: "luego los que son de Cristo, en su venida". La pregunta es: ¿Quiénes son éstos y de qué forma resucitan? Bueno, Pablo dice claramente que éstos son seguidores de Cristo, y que el tiempo para su resurrección, será en su venida, lo cual significa, que para el momento en que Pablo escribe esta carta, ninguno de éstos seguidores había resucitado aun, y si esa venida aquí mencionada corresponde a lo que conocemos como "su segunda aparición" (Heb.9:28), y que de acuerdo con mi comprensión de este evento, éste tuvo lugar en el año 70, lo cual quiere decir entonces, que los que eran de Cristo, y que corresponde a todos los seguidores de Cristo del primer siglo, habrían resucitado en aquella época. Ahora nos tocaría dilucidar cuál fue la naturaleza de esa resurrección, porque creamos o no, de acuerdo a un estudio basado en el principio de la razón y sentido común en la interpretación de la Escritura, la resurrección debió tener lugar en el primer siglo, durante la segunda aparición de Cristo cuando vino en juicio sobre Jerusalén en el año 70.
     Para entender la naturaleza de la resurrección de Primera de Corintios 15:23, tenemos que identificar, en primer lugar, cuál fue la naturaleza de la muerte que recibió Adán tras su caída. Romanos 5:12 dice: Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. Este versículo expresa muy claramente la naturaleza de la muerte bíblica. Todos sabemos que Adán no murió aquel día que transgredió el mandamiento de Dios, sin embargo, su relación con él se rompió abruptamente a partir de ese momento; ese día el hombre fue destituido de la gloria de Dios. Observe esto detenidamente: Pablo dice que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte. Pecado y muerte aquí están estrechamente relacionados, no se pueden ni deben interpretarse por separado. Ro.6:23 dice: "Porque la paga del pecado es muerte". El pecado anuló, mató, eliminó la intima relación que el hombre tenía con Dios; ese rompimiento, la Biblia lo llama simplemente: "muerte", separación de la comunión con Dios. El verso 23 concluye: así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. Lo que significa, que por el pecado de uno, Adán, "todos" fueron separados de Dios, es decir, todos murieron, por cuanto todos pecaron. Pero usted bien sabe que solamente "uno" pecó, o mejor dicho, quebrantó el mandamiento, sin embargo, dice: "todos pecaron"; o sea, así como el pecado tuvo un carácter "inclusivo, del mismo modo la muerte, decretada sobre Adán, recayó sobre todos los hombres hasta el sacrificio de Cristo.  
     Ya hemos más que demostrado, que la sentencia de muerte decretada sobre el primer hombre bíblico no fue la muerte física, sino la muerte espiritual, por tanto, la naturaleza de la resurrección, mencionada por Pablo, debió ser igualmente espiritual. Pablo llama al hombre caído: el primer Adán, el cual procede de la tierra, pero al hombre restaurado, llama postrer Adán, y éste procede del cielo.
     El versículo que leerá a continuación resume muy claramente la verdadera naturaleza del primer hombre. Éste nunca pudo ser inmortal, porque procedía de la tierra, y por lo mismo, su fin sería también volver a la tierra; en cambio, el último Adán, Cristo, venía del cielo, y por lo tanto, su naturaleza era eterna.
"El primer hombre era del polvo de la tierra; el segundo hombre, del cielo" (1Co. 15:47-NVI)
     Adán poseía también esa naturaleza eterna en su espíritu (no en su carne), pero murió o se durmió a causa de la transgresión; de manera entonces, que lo que Dios hizo por medio de Cristo, el espíritu vivificante, fue sacar a la luz esa vida escondida que había en el hombre mortal y volverlo a su estado original.
"pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio" (2Ti. 1:10).
     Es muy importante poder distinguir a qué muerte se refiere Pablo en este verso. Si este versículo hablara en realidad de la muerte física ¿cómo es que aun la gente sigue muriendo? Dice muy claramente que quitó la muerte, no que la quitará, lo cual implica, que ya esa muerte no existe más, pues, él la quitó. Una traducción literal de la palabra "quitó" (katargéo) del idioma griego es: "dejó sin efecto, anuló". Y luego añade, sacó a luz la vida y la inmortalidad, en otras palabras, hizo resplandecer la vida eterna en el hombre. Pero esto tiene un significado mucho más profundo aun. Esa vida eterna consistía en el conocimiento que el hombre adquirió de Dios por medio del evangelio de Cristo. Recuerde las palabras de Jesús en Juan 17:3 "Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado". Antes de Cristo, el hombre no conocía a Dios, porque no tenía acceso al árbol de la vida que era Cristo. Israel nunca llegó a conocer verdaderamente a Dios, solo conoció sus obras. Es muy interesante lo que dice Pablo en 1Co.2:16 con respecto al conocimiento que antes había sobre Dios y el conocimiento que ahora ellos, como cristianos, habían alcanzado: "Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo". Tener la mente de Cristo implica conocer aun lo profundo de Dios (1Co.2:10), aquello que antes estuvo oculto, pero que por medio de Cristo nos fue manifestado.   
     Cuando la Biblia habla de que estamos sentados en lugares celestiales, sencillamente se refiere a una posición espiritual lograda por medio del conocimiento de Cristo en nosotros. La palabra mente, que en griego es noús, de acuerdo con el diccionario Strong, podría venir de la misma raíz de la palabra ginósko, la cual significa conocimiento absoluto. Esto significaría que tener la mente de Cristo, sería igual a tener su conocimiento. Juan 1:1 dice que en el principio Cristo era el Verbo, es decir, la Palabra o Logos, como se escribe en griego, y esta palabra implica el pensamiento y el razonamiento de Dios. Luego el verso 4 dice que en él, es decir, en el Verbo, estaba la vida y esa vida era la luz de los hombres. En Juan 14:6 Jesús declara que él es la vida, y al igual como en el verso 1, la palabra vida está escrito en el original con el termino griego zoé, que significa la vida de Dios; entonces, volviendo a 2Ti.1:10, la muerte que Cristo quitó, fue la muerte espiritual, esa que consistía en no tener acceso al conocimiento pleno de Dios.
     En síntesis, la enseñanza de Pablo en el capítulo 15 de la primera carta a los Corintios, es que efectivamente hay resurrección, porque Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que ya habían dormido, y que éstos, los que estaban dormidos, posteriormente resucitarían espiritualmente para la venida de Cristo, venida que según las enseñanzas de Jesús y Pablo, no debería ocurrir más allá de la generación que vivía al momento de ser escrita esta carta. Ahora bien, hay muchos otros versículos en el  capítulo que parecieran enseñar, muy claramente, que sí habrá una resurrección física al final de los tiempos, sin embargo,  éstos deben ser analizados en línea con lo que hemos visto hasta ahora.
Revisemos el siguiente pasaje en el mismo capítulo 15:
12Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos?
13Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. 
14Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. 
15Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. 
16Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó;
17y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados.
18Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron.
19Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres.
     La resurrección de Cristo no puede ser considerada como un precedente bíblico para la resurrección corporal de todos los muertos al final de los tiempos. Las razones deben ser entendidas, en primer lugar, en el contexto de todo el capítulo 15, y segundo, teniendo en cuenta que la segunda venida de Cristo, como ya he demostrado, debió tener lugar en el año 70 del primer siglo, lo cual significaría que si efectivamente hubo una resurrección literal, ésta debió ocurrir durante esa venida espiritual de Cristo, de acuerdo con las palabras de Pablo:  Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida (v.23).
     Personalmente, me parece mucho más consecuente y razonable interpretar este pasaje de 1Corintios 15, y todos los demás pasajes en que se enseña sobre la resurrección que habrían de experimentar todos los seres humanos muertos, como una referencia a la restauración espiritual del hombre caído (muerto), al hombre restaurado (vivificado). Entendiendo que la naturaleza de la muerte Adánica no fue física, sino espiritual, por lo tanto, la naturaleza de la resurrección debería ser igual a la naturaleza de la muerte que debía resolver. Si la muerte era el problema existente, la resurrección vino a ser entonces la solución, por lo tanto,  ambas cosas  debían tener el mismo carácter.
     El verso 26 dice: Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte. Pregunto: ¿Cómo podría considerar Dios a la muerte física un enemigo al que debe destruir si fue él mismo quien creó al hombre como un ser mortal? Sería absurdo pretender destruir o eliminar algo que ya en sí mismo es una destrucción. La muerte física nunca fue ni ha sido un "enemigo" para Dios, ¿Qué sentido tendría resucitar los cuerpos, si ni la carne ni la sangre pueden heredar el reino de Dios (v.50), y por otro lado, el espíritu del hombre es eterno?  Aquí debe existir indudablemente una mejor explicación.
Cuerpo mortal versus espíritu eterno
    Algo que no debe confundirse o mezclarse nunca, es la eternidad espiritual que Dios puso en el hombre el día de su creación (Ec.3:11), con su transitoriedad por la vida natural o física en un cuerpo de carne y sangre (Sal.90:10). Cuando hablamos de un ser mortal, no nos referimos a su esencia espiritual, ya que esa es eterna, al igual que  su creador y Padre, sino mas bien, nos referimos a su estructura natural, esa morada terrestre (2Co.5:1) en la que habita temporalmente el espíritu que ha salido de Dios, y que una vez que el hombre ha cumplido con su cometido en esta vida, sale de él y vuelve nuevamente a Dios que lo dio, y nunca más volverá a ese cuerpo que alguna vez ocupó. Para que el hombre hubiese sido un ser inmortal, su naturaleza debía haber sido espiritual, semejante a los ángeles. Sin embargo, no fue así, su naturaleza era física, es decir, un cuerpo creado apropiadamente para vivir en la tierra y por un tiempo limitado. Y fue justamente por esta razón que Dios dijo al hombre en el huerto: "Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás" (Gn.3:19). Observe que la maldición no cayó sobre el hombre, sino sobre la tierra, en el sentido que ésta debería producir espinos y cardos, en lugar de hierba pura, por lo que el trabajo del hombre sería arduo y fatigoso hasta que volviese nuevamente a la tierra de donde había sido formado.


[1] Eventos del Porvenir, cap.XXIII, punto IV- La resurrección de Israel, pág. 312 último párrafo. Publicado por Edit. Vida.
[2] Diccionario Filosófico de Voltaire.
[3] 1Corintios 15:28
[4] 1Corintios 13:12
[5] Eclesiatés 12:7
[6] Y durmió David con sus padres, y fue sepultado en su ciudad (1R.2:10); Y durmió Salomón con sus padres, y fue sepultado en la ciudad de su padre David; y reinó en su lugar Roboam su hijo (1R.11:43); Y durmió Roboam con sus padres, y fue sepultado con sus padres en la ciudad de David. El nombre de su madre fue Naama, amonita. Y reinó en su lugar Abiam su hijo (1R.14:31); etc.
[7] Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron (1Co. 15:18) ; Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él (1Tes. 4:14);  y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación (2Pe.3:4).  
[8] Salmos 89:48  ¿Qué hombre vivirá y no verá muerte?
 ¿Librará su vida del poder del Seol? Selah

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