Mi experiencia de Futurista a Preterista


Por Eduardo Mondaca
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Eduardo Mondaca
Recuerdo que cuando era niño, oía con mucha frecuencia desde los púlpitos de mi iglesia mensajes relacionados con la segunda venida de Cristo y el fin del mundo. A pesar de mi corta edad, esas palabras me marcaron profundamente, al punto que por las noches me fijaba en el cielo antes de irme a la cama por si habían nubes en el cielo o no. Si no habían nubes me iba a la cama tranquilo, pero, cuando las habían, me llenaba de espanto y miedo, ya que el mensaje que escuchaba por la mayoría de los predicadores, era que Cristo vendría como “ladrón en la noche”, y además en una “nube del cielo”. Como niño, sentía un pánico terrible el solo pensar en el fin del mundo. Crecí casi traumado con este tema. Todo lo que se hablaba y cantaba en la iglesia tenía que ver con esto. Escuchaba cada cosa por aquel tiempo, cada barbaridad, y que yo en mi inocencia las creía todas. Me aterraba pensar que tendría cerca de 40 años para el año 2000, y que estaría vivo para cuando fuera el fin del mundo, ya que según se decía en aquellos años (década del 70) que Cristo volvería antes  del año 2000, y su venida significaba precisamente el final de todo.
Como yo, creo que muchos de mi generación que crecimos en una iglesia evangélica, fuimos marcados abismalmente por esta clase “perturbadora” de sermones y que a veces eran verdaderas predicciones  o aseveraciones sobre el futuro próximo. Predicciones y aseveraciones que no se han cumplido aun, pero que sin embargo, la mayoría de los predicadores actuales, obstinadamente continúan repitiendo.
Hoy, después de muchos años de aquella época de niño, tengo una concepción muy diferente a la que sostiene  la mayoría de los cristianos sobre la doctrina de la segunda venida de Cristo, y que me gustaría poder compartir con ustedes en esta página web. Entiendo y acepto, que mi actual posición teológica sobre esta materia me acarreará un sinfín de problemas, tales como perdidas de “amigos”, marginamiento, severas críticas, y por sobre todo, algo que ya estoy experimentando, y que lamentablemente ha afectado a toda mi familia aquí en Noruega, y es “la exclusión”. La exclusión es peor que la expulsión, porque con esta última, tú te sabes por despedido, entiendes que ya no te quieren más en cierto lugar, te “echaron”, pero cuando te excluyen, es mucho más humillante, te despojan de todo lo que en algún momento fuiste o tuviste. La exclusión es horrible, no es cristiana, y yo la he vivido en carne propia. La experimenté en mi reciente viaje a Chile, cuando estuve con mis amigos pastores con quienes trabajé varios años, y “nadie” de ellos se atrevió a invitarme a predicar a su iglesia. Las razones, solo las puedo interpretar. Se ha provocado un cisma entre mis colegas y yo, y creo que tal “cisma” no comenzó con ellos sino de un complot levantado en mi contra desde Noruega, por el simple hecho de tener una opinión diferente a la de la mayoría.
Encuentro inaceptable que nos dividamos como cristianos, por el simple hecho de ver ciertas escrituras bíblicas de un modo diferente. Esto ha sido así casi del principio mismo de la iglesia. Recordemos las divisiones que habían en la iglesia de Corinto, aunque las causas de división que allí habían eran muy diferentes a las que hoy expongo, sin embargo, lo que quiero decir, es que cualquier situación que provoque división, no es de Dios, y por lo tanto debe ser rechazada y repudiada. Quiero decir algo que ha sido mal interpretado por quienes me han escuchado decirlo, y es que creo, qué nadie es dueño de la verdad absoluta, sólo Dios. Cuando más de una persona tienen una opinión diferente sobre algún punto, significa que uno de los dos puede estar equivocado, probablemente lo estén los dos, como también puede ser que los dos tengan la razón, pero no lo saben, porque no lo pueden ver así. Uno, cuando descubre algo, cree que lo que ha descubierto es la verdad absoluta, y que todos deberían pensar como él. A mí me pasa algo así, creo que mi actual posición teológica es correcta, y me gustaría que todos pensarán igual que yo, pero, entiendo que esto es casi imposible, por lo tanto, yo acepto a mis hermanos, no importando el credo teológico que tengan, yo los acepto, y no tengo ninguna dificultad para estar con ellos. Así creo que debería ser, y seríamos una Iglesia grande, fuerte, y por sobre todo, una Iglesia “creíble”, porque déjenme decirles que hoy la Iglesia ha perdido mucha credibilidad ante la sociedad, debido a tanta división, y problemas internos que se han desatado dentro de ella. Se ha dicho por ahí, que este tercer milenio, marcará el fin del cristianismo. Algunos lo ven más por el lado del catolicismo romano, pero yo creo, que el hombre moderno, es un hombre pensante, más frío, y calculador que el del pasado, y este hombre moderno no se casa fácilmente con la religión, a menos que le dé 100% de confianza, y por ahí es donde está nuestro problema. No estamos dando confianza como “religión”. No más vea los predicadores de la televisión. Llega a ser vergonzoso como usan sus posiciones ministeriales para lucrar con la fe de las personas. Sus temas favoritos son “la prosperidad”. Provocan a la gente a despojarse de sus bienes, que “siembren en el reino”, la pregunta es: ¿En cuál reino? Si pareciera que esto de la bendición, sólo les funciona a ellos. Viven en verdaderas mansiones, muchos de ellos poseen aviones privados, tienen una suculenta cuenta bancaria, infinidad de propiedades, y todo eso a costa de gente de buena voluntad y fe, que cree que todo lo que brilla es oro, y que lamentablemente no se dan cuenta que están siendo objetos de un sucio truco manipulador en donde el principal objetivo es enriquecer las arcas de sus líderes, mientras que ellos por su parte, continúan  con sus mismos problemas financieros, y esperan que en algún momento, y de algún lugar baje la bendición tan anhelada, y que les cambie la vida para siempre. Los predicadores modernos, están consientes de la necesidad urgente de la gente. Ellos estudian para llegar a las personas, como afectar sus sensibilidades, y provocarlas a dar, aun en medio de sus precarias condiciones. Hacen uso de sicología para convencer a la audiencia, qué “esa” es la única manera de salir de la pobreza.  A una Iglesia así, yo no le veo futuro, y esto me da miedo, me preocupa, y me preocupa en extremo, porque veo que por un lado atemorizan a la gente de que el tiempo es corto, y peligroso, de qué el fin se acerca, y que Cristo viene muy pronto, pero por el otro lado, siguen construyendo majestuosos edificios, siguen comprando y comprando mas inmuebles y propiedades, medios de comunicaciones, y todo cuanto se les ocurra, porque le han hecho creer a la gente, que el pueblo de Dios debe poseer las riquezas del mundo, así que por lo tanto debemos hacer de que la Palabra de Dios se cumpla, por lo tanto vamos dando, vamos invirtiendo en el reino de Dios.  El hombre actual, no se traga una religión así. El hombre actual es “egoísta”, no ve con buenos ojos a una religión que despoja a sus fieles, para enriquecer a sus líderes. Yo personalmente, simplemente tampoco comparto una religión así.
La idea de exponer este estudio, es para provocar a la Iglesia actual a un despertar a la Palabra de Dios. A levantarse de sus posición de “oidor o simple espectador pasivo”, y ponerse en una posición de investigador activo de la verdad. Deseo que quienes lean este documento se sientan desafiados a inquirir en la perfecta e inmutable ley de Jehová. Después de leer este libro, usted no podría seguir siendo el mismo que hasta hoy fue.
Deseo exponer de manera simple, pero muy cimentada, las razones que tengo para afirmar que Jesús no volverá por segunda vez, como cree la mayoría de los cristianos. Llevo un buen tiempo estudiando el tema, revisando libros, y cuanto material escrito hay sobre esta doctrina, y cada vez me convenzo más, de que hemos estado equivocados con respecto a la interpretación bíblica sobre la segunda venida de Cristo. Es cierto que hay elementos o sucesos en la Palabra que parecieran afirmar que Jesús debe venir por segunda vez, porque tales sucesos no se han cumplido aún (aparentemente), pero esto se debe precisamente a la idea preconcebida que se tiene sobre la doctrina, y lo cual impide ver o percibir con claridad el verdadero espíritu con que fue escrita la Biblia. No olvidemos que cuando leemos la Biblia, estamos leyendo cartas o documentos que fueron escritos originalmente para ciertas personas o pueblos, en ciertos lugares y épocas, y que para tales personas estos escritos tuvieron una connotación relevante.
Usted será testigo que dentro de los próximos diez años, la escatología sufrirá un cambio estremecedor. La escuela de interpretación escatológica, denominada “preterista”, está siendo observada por muchos cristianos alrededor del mundo hoy. Esto está provocando, que teólogos y ministros de la Palabra, comiencen a mirar con otros ojos lo que la Biblia habla sobre la Segunda Venida de Cristo, y el significado que se le ha dado a la profecía bíblica. Este es un tema apasionante. A mí en lo personal me “fascina”, y creo que en la medida que se levanten nuevos “Luteros”, reformadores de la Palabra, la verdad saldrá a la luz, y millones de cristianos saldrán de la oscuridad religiosa en la que han vivido, y comenzarán a vivir la vida de Reino en la tierra. El nuevo orden de Dios es la Iglesia. La Iglesia es el Nuevo Pacto, el Reino de Dios, La ciudad del Dios vivo, la Nueva Jerusalén. La Iglesia es la nueva tierra y es los nuevos cielos, ya que los primeros cielos y la primera tierra que fue Israel, el viejo pacto, pasó, Dios trajo un nuevo orden, y ese nuevo orden se llama la Iglesia.

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